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TIEMPO DE DUDAS

-Tengo mis dudas- dijo DeVille a su compañero Jakob.

Estaban talando árboles, como siempre. Era su trabajo. DeVille había siempre sido el más reflexivo de los dos, pero Jakob era el que mandaba. Las herramientas para talar los árboles, las hachas y las sierras, eran suyas. DeVille era un buen trabajador, pero subordinado.

-Todos tenemos dudas- le contestó Jakob jadeando. -No te quepa la menor duda que ahora mismo vamos a dejar de trabajar un rato para almorzar y recuperar fuerzas- dijo soltando una carcajada.

Se sentaron a la sombra de un árbol, uno de los que todavía no habían talado, y que les cobijó de los rayos del sol demostrando una actitud más que benévola hacía unas personas que, de allí a poco, serían sus verdugos.

-Tengo la sensación de que estamos viviendo en una simulación. No en un mundo real. En una especie de experimento.-

-¿Experimento? ¿Y eso qué es?- se sorprendió Jakob; estábamos a finales del siglo XIX, y eso de la ciencia todavía no era de dominio público que digamos, sin contar el aislamiento del que gozaban los taladores de árboles en la zona de los Grandes Lagos.

-Bueno, no lo tengo muy claro. Es una idea que me está rondando por la cabeza desde hace unos días. Es como si no estuviéramos realmente presentes aquí. Es como si estuviéramos viviendo un cuento mágico, quizás hasta irreal. Es como si alguien estuviera dirigiendo nuestros pasos.- Su voz se hizo más acelerada conforme iba hablando.

Jakob le dio un puñetazo en el estómago. -¿Eso ha sido real?- le preguntó.

DeVille no se lo esperaba, y Jakob era más fuerte que un toro. Le costó recuperar la respiración. Cuando lo consiguió, Jakob estaba al acecho con más preguntas.

-Parece que te ha dado por reflexionar sobre el por qué de las cosas, mon ami- le reconoció. Él no solía reflexionar mucho. -¿Cómo puedes creer que todo eso no es real? Los árboles, toda esa pinaza, el ciclo de la vida mismo…-

-¡Los puñetazos de mármol de mi amigo Jakob!- Estaba recuperando su buen humor. Buena señal.

-Bueno- dijo Jakob, ansioso por cerrar el tema y volver a serrar árboles, -yo de ti iría a ver al Párroco del pueblo, a lo mejor te puede ayudar en algo.- Y con eso dio por zanjada la cuestión.

DeVille no fue nunca a ver al Párroco. Simplemente, el día siguiente ya se había olvidado de todas esas dudas.

***

Dios mandó a llamar a Lucifer una vez más.

-Vamos a ver- le dijo. -¿Qué pasa contigo?-

-Yo no he hecho nada- le contestó el demonio.

-Siempre dices lo mismo, y como eres mentiroso, no te esperarás que te crea. Además, no te olvides que lo sé todo de ti.-

-Bueno, vale. ¿Y qué?-

-¿Y qué? Que dejes de fastidiar mis probetas, ¡por Mí!- Lucifer le sacaba de juicio. -¿Por qué no te dedicas a tus experimentos?-

-No puedo, tú sólo eres creador.-

-Haberlo pensado antes. Mira Gabriel, que quiso quedarse conmigo, qué feliz está. Y su actitud es constructiva.- De repente se oye un ruido de vidrio que se rompe.

-Perdona, Dios- dijo la voz archiangelical. -Voy a buscar otra probeta antes de que se me desparrame toda la galaxia.- Lucifer se estaba riendo en voz baja.

-Bueno, a veces rompe algo, pero lo hace a la buena fe. Y no altera mis datos como tú haces y sigues haciendo.-

-Y entonces ¿por qué no me echas?-

-Porque espero que uses mejor de tu libertad- fue la contestación de Dios; y dicho eso le despidió.

Lucifer se fue, indiferente. Al fin y al cabo, en el momento de su creación había tomado una decisión. Y, por equivocada que fuera, ya no era posible cambiarla.

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