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TIEMPO DE NACIMIENTOS

Cuando el conserje levantó los ojos de la pantalla de su ordenador, se estremeció al ver a un niño rubio y de rizos que, podría asegurar, unos segundos antes no estaba allí.

-Quisiera hacer una reserva- dijo el niño

-¿Para qué día?- preguntó condescendiente.

-Entrada el 24 y salida el 25 de diciembre.

-Lo siento, no hay sitio para esa noche. Como entenderás, es la noche de Navidad y estamos completos.

Gabriel se sorprendió. -Otra vez tarde- murmuró y, a la que pudo, desapareció.

***

Esta vez Gabriel tenía delante un paisaje completamente distinto. No veía coches ni carreteras asfaltadas, pero aquello no era ninguna garantía. Dios sabía bien de sus dificultades para orientarse en el espacio-tiempo, y lo tenía asumido. Su paciencia era (¿es?) divina.

Vio una posada, o algo que se le parecía ya que evidentemente los rótulos no habían sido inventados todavía. Con un poco de suerte habría llegado a una época en la que aún no existía el marketing ni la publicidad. ¡Qué tiempos!

Entró y se dirigió hacia la única persona que vio, y que parecía un jefe o algo por el estilo.

-Quisiera hacer una reserva- dijo.

-¿Para qué día?- le preguntó el posadero.

-Entrada el 24 y salida el 25 de diciembre.

-Lo siento, no hay sitio para esa noche.

-No me diga más, es la noche de Navidad y están completos.

-¿Navidad? ¿Y eso qué es? No, es que con eso del censo hay muchos desplazamientos este año, y mucha gente de camino. Muy bueno para los negocios.

La cara de Gabriel resplandecía: ¡había llegado en la época correcta! -Y ¿no me podéis ofrecer algo? No sé, un establo o algo por el estilo. Además estoy reservando con mucha antelación…

-¿Antelación? Aquí por esas fechas estamos siempre saturados. Cada año hay algo. Y siempre nos encontramos con algún cliente que reserva todas las plazas precisamente para estas fechas.

-Hmmm…

Gabriel se quedó pensativo, necesitaba avisar a Dios lo antes posible.

-De acuerdo- dijo al posadero, -que sea el establo entonces, pero cuando llegue la pareja de nombre José y María no les digas que lo he reservado para ellos. No se lo digas a nadie.- Y cuando el posadero bajó los ojos para contar las monedas que Gabriel le había dejado, el Ángel de la Navidad desapareció acompañado de un aleteo leve.

***

Dios llamó a Satanás por el interfono, ya que el demonio no tenía derecho a ver el rostro de su Creador. Satanás dejó sonar el interfono durante un rato, lo justo para que Dios se molestara un poco, a pesar de que sus constantes intentos fueran vanos. Finalmente contestó: su voz resonó grave y terrorífica como si proviniera de las profundidades del Infierno, dónde efectivamente se encontraba.

-Vamos a ver, criatura desagradecida- le embistió Dios.

-¿Qué te pasa, viejo Creador?- le contestó maleducadamente el Rey de las Tinieblas.

-Ya sé que quieres poner trabas a la venida de mi Hijo en la Tierra, pero ¿cómo se te ocurre reservar todas las posadas de Belén durante tantos años seguidos?

-Cuando no se puedan cumplir las profecías todos los hombres se darán cuenta de tus engaños y tus mentiras- le contestó él desde abajo abajo abajo abajo.

-¡Mira quién habla! El experto en mentiras. Bueno, no voy a discutir con un desagradecido de tu calibre. Ya lo verás, si he dicho que mi hijo va a nacer a Belén, es que nacerá a Belén.

-¿Sin una posada dónde alojarse? No me lo creo. Entiendo que no quieres que nazca en un castillo, tacaño como eres, pero un mínimo de comodidad...

-Ya verás, Satanás. No soy tacaño, los vicios son todos para ti y tus acólitos. Soy Dios, este es mi mundo y las cosas se harán como yo quiero- le contestó Dios tajante antes de cerrar la comunicación por el interfono. Vaya arrogancia, cómo se ve que es el Rey de lo Negativo.

La solución de Gabriel quizás no era demasiado digna, pero permitía respetar las Escrituras. Y demostrarles una vez más a esos Demonios quién manda.

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