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Los Cruces del Tiempo

Si yo estaba borracho cuando tropecé con él, mis colegas tenían que haberlo estado también porque todos lo vimos. Los cuatro, limpiadores y conserjes del turno de noche, miramos fijamente a la pesadilla que había aparecido en la esquina del recibidor del edificio. El engendro habló con nosotros, pero yo no podía ver dónde estaba su boca.

-Hay más de una corriente temporal. Estamos todos conectados- dijo.

El extranjero era de un color azul brillante, como si fuera un efecto especial de una película muy, muy mala. Se adherió a una esquina del recibidor de una manera que no conseguia entender: mis ojos no podían centrarse en la forma adecuada. Pude distinguir claramente unos tentáculos que luego parecían brazos y luego de nuevo tentáculos.

-Para avanzar en la analogía, se podría decir que hay afluentes, rápidos, y ríos, así, todos cayendo alocadamente en una dirección hacia lo incognoscible, un horizonte de sucesos distantes del futuro. Tejen, crecen y se fortalecen, salpican nuestra existencia y la vuestra añadiendo un ‘qué pasaría si’ a las historias de cada uno antes de desaparecer apagandose de nuevo. Si quisiera abusar más de la metáfora, diría que soy parte de una corporación que construye represas. Hacemos lagos en el tiempo. De superficie lisa, inmóvil y estable.

Eché un vistazo a Steve. Me miró con expresión de confusión y miedo. No entendíamos lo que el extranjero nos estaba diciendo, y a decir verdad no entendíamos siquiera por qué nos lo estaba diciendo a nosotros, pero ninguno huyó: todos nos quedamos fascinados y paralizados, como clavados en el suelo.

-Hay seres que detestan el movimiento constante del tiempo derivado de su origen natural. Sus cambios repentinos, su imprevisiblidad, sus naturales arranques rabiosos. Los remolinos temporales grandes y pequeños de déjà vu y las compensaciones kármicas. No les gusta que el flujo temporal sea un viaje lleno de baches e imprevistos.

Y nosotros seguíamos sin entender nada.

-Algunos de estos seres decidieron construir sistemas para navegar las corrientes del tiempo, pero sólo algunos pueden hacerlo controlando de forma exhaustiva el fluir de los acontecimientos, yendo incluso a contracorriente si es necesario y abandonando ocasionalmente la superficie inalterable de nuestros lagos de tiempo.

Ahora sí. Cómo siempre. Había elegidos.

-Como beneficio adicional, nuestro depósito temporal genera enormes cantidades de energía; la entropía del multiverso lucha para mantener el fluir del tiempo, así que dejamos una pequeña corriente de salida temporal por la parte inferior para mantener el universo feliz y para mantener el lago en un nivel constante. Alquilamos el tiempo en la superficie a los que quieren tranquilidad y vendemos las cataratas tumultuosas a los que quieren guerra. Ganamos en ambos sentidos.

El extranjero se estremeció y comenzó a perder su consistencia. Parecía que iba a alejarse de nosotros, a deslizarse por debajo de nosotros, y a desvanecerse, todo al mismo tiempo.

-¿Cuánto tiempo quieren comprar? Y ¿de qué calidad?- preguntó entre destellos.

Nos miramos atónitos.

-Nosotros no decidimos las compras de esta empresa- me atreví a contestar.

-El Sr. Grypzyjck nos proporcionó sus coordenadas espaciotemporales, así que…

-Aquí no hay ningún Sr. Grypzyjck; y si quiere vender algo tiene que llamar en horario de oficina, y no de noche.

-No me hagan perder el tiempo, entonces- replicó; y desvaneció.

El desconcierto reinó entre nosotros hasta que Steve dio voz a nuestros pensamientos comunes.

-Hay que ver lo que se inventan los de las televentas para captar clientes- dijo.

Todos estuvimos de acuerdo. Además, te cuelgan de mala manera.

Pero a mí me tocó limpiar las rebabas que el vendedor interdimensional había dejado en el recibidor.